Carreras 2012

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martes, 24 de marzo de 2009

Historia de La Zaida


Hoy toca leer un poco, el siguiente texto es una colaboración de E. Castillón para Los Sedetanos.
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Quiero daros a conocer unas historias que por tradición oral llegaron a mí, y que tuvieron su reflejo en datos históricos a los que tuve acceso. Siempre como es normal en estos casos guardando un poco de reservas al respecto.
Durante doce años formé parte del Ayuntamiento de La Zaida, cuatro años como concejal y ocho años como alcalde, durante mi pertenencia al mismo intenté recuperar la memoria histórica del pueblo de La Zaida, al ser un pueblo eminentemente industrial, tal vez las raíces históricas del pueblo se ceñían única y exclusivamente a la época pos industrial, como te puedes imaginar, pasa aquí como en otros pueblos, se piensa que si no hubiera venido la industria el pueblo hubiese desaparecido como tal, y parece como si se hubiese corrido un tupido velo sobre los años pre industriales y anteriores. Cuando vino la industria química a La Zaida, dotó al pueblo de servicios básicos y de una mejora en la calidad de vida, eso es evidente y palpable, pero no por ello debería de parecer que hubiéramos hecho un pacto de silencio sobre los años anteriores, donde la escasez de recursos humanos y materiales, llevaba aparejada una vida más dura y difícil; siendo incluso esta sociedad un poco amnésica, debido a los esfuerzos y sufrimientos que llevaba aparejada esta vida. Ya sabemos que la memoria es selectiva, y que los malos y duros momentos de una vida tienden a olvidarse antes.
Durante mi etapa en el Ayuntamiento de La Zaida, destiné una parte de los recursos municipales a revitalizar esta memoria, bien contratando los servicios de estudiosos y profesionales del tema histórico, bien recabando la tradición histórica oral zaidana. Y al acabar mi etapa, los zaidanos supieron que existía un pueblo antes de la etapa industrial, que tenía unas reseñas históricas propias.
Todo lo que te escribo a continuación, forma parte de la recopilación que he hecho de distintas fuentes al respecto de este tema, aunque te parezca que en algún momento desvarío del tema, y que lo que escribo no tiene mucho que ver con el tema, es que me gusta tejer punto a punto la trama, para darle algo de coherencia y comprensión a estos datos históricos.

Antecedentes Geográficos.


La Zaida está situada a 55 kilómetros de Zaragoza, en la Comarca de la Ribera Baja del Ebro, ubicada en una terraza tectónica previa a la terraza de tierras aluviales y de inundación del río Ebro. El río entra en la Comarca de la Ribera Baja, después de dejar atrás un curso más o menos rectilíneo, y cuando llega a La Zaida, gira noventa grados en su trayectoria habitual y comienza un curso sinuoso y lento por la zona de los Meandros del Ebro.
Los meandros se forman cuando el curso de un río tiene poco desnivel, y el caudal de agua que lleva posee poca velocidad y fuerza, si entonces además se encuentra con murallas naturales insalvables como montes, todo esto unido hace que tenga un curso sinuoso y lento.
A partir de La Zaida el río Ebro se encajona entre dos paredes de montes hasta su entrada en Cataluña, por eso dado su poca distancia entre las orillas y su estrechez en su curso se eligió tiempos atrás, Mequinenza y Ribarroja como puntos fuertes de dominio hidráulico y se construyeron los embalses que llevan respectivamente esos nombres. En Fuentes o en Pina hay una gran superficie de huerta, (por sus terrenos aluviales), y a partir de La Zaida, aunque también hay huertas, las mismas quedan muy relegadas en extensión, si las comparamos con las anteriores.
Cuando a finales del siglo XIX, se trazó la línea que iba a seguir el ferrocarril en su discurrir hacia tierras catalanas, se tomó como punto de referencia obligado el pueblo de La Zaida; desde La Zaida el ferrocarril comenzó a atacar un desnivel, que si bien ahora nos parece no muy considerable, en su tiempo hizo que en la estación de ferrocarril de La Zaida, hubiera de forma permanente un reten de dos máquinas de tren de vapor, y un punto de abastecimiento de agua del Ebro, para rellenar los depósitos de agua de las calderas de esas máquinas. Por supuesto tal infraestructura de medios hizo que La Zaida, sufriera ya un proceso lento pero imparable de modernización, en sus medios y en su forma de vida. Desde La Zaida, los trenes subían poco a poco, de los 156 metros de altitud de La Zaida a los 276 metros de altitud de Azaila que era la estación siguiente.
¿Qué pasaba?
Algo muy normal, que una máquina de vapor arrastrando unos cuantos vagones cargados no podía vencer este desnivel; entonces por logística todos los trenes paraban en La Zaida, se evaluaban sus posibilidades de vencer este desnivel, y la necesidad de enganchar una o dos máquinas más para vencer dicho desnivel y llegar a Azaila; una vez el tren llegaba a Azaila, las máquinas de refuerzo volvían de nuevo a La Zaida.
¿Qué pasaba si se decidía que con una máquina se podía vencer este desnivel?
Se daba salida al tren y cuando el tren llegaba a atacar el repecho más fuerte de este desnivel, lenta, pero muy lentamente iba atacando la ascensión al mismo, hasta que normalmente al final llegaba a subir esta cota.
¿Qué hacia la gente de La Zaida y pueblos limítrofes cuando querían ir a La Puebla de Hijar, Caspe, Mora de Ebro o Barcelona, y no tenían los dineros para pagar el billete?
Se esperaban a que el tren empezara a subir este desnivel, (preferiblemente con vagones de mercancías vacíos), y cuando iba lento, muy lento, el tren sobre la vía, aprovechaban para subirse a los vagones e iniciar el viaje en tren que los llevaría a su destino.
¿Qué pasaba cuando además de no tener dinero, se tenía que ir a un sitio para cumplir con un deber inexcusable, como el servicio militar?
Pues que había un buen número de soldados esperando la llegada del tren a esta fortísima cuesta, y cuando el tren comenzaba de forma lenta, pero que muy lenta a subir la cuesta aprovechaban los soldados para subir al tren y llegar a sus destinos, por eso esa cuesta tan fuerte que hay entre La Zaida y Azaila, se conoce como “La Cuesta del Soldado”, en honor a ellos y a épocas pasadas. Por supuesto ahora con máquinas eléctricas de miles de caballos de potencia, todo esto ha pasado a mejor vida, incluyendo la propia estación que tanta vida dio a La Zaida.
Queda claro, que cualquiera que fuera el medio de transporte a utilizar en esa época o en anteriores, si iban de Zaragoza a Cataluña, antes incluso de la llegada del ferrocarril, deberían de pasar por La Zaida, lo cual hizo que algunos habitantes de La Zaida tuvieran en sus casas lo que se denominaba “paradas”, que eran unas cuadras donde alimentaban y cuidaban de animales útiles para la tracción (caballos, mulas, machos, burros…) ejemplares magníficos, que cuando no tenían mucha faena de tiro se utilizaban como sementales de crianza, venían de los pueblos de alrededor previo arreglo con el dueño, a cruzar sus ejemplares con estos otros. Estos animales servían de refresco, para sustituir en los carros o carretas, a otros ya cansados y agotados, que venían de hacer la ruta desde Zaragoza, o para ayudar a subir la cuesta que unía el valle del Ebro, con la huerta del río Aguas Vivas y con la plana de la Puebla de Hijar, único trayecto medianamente viable y transitable si querías llegar a Cataluña; había otra opción pero era mucho, pero mucho más arriesgada, que era ir a Cataluña, a través de La Zaida-Sástago- Monasterio de Rueda-Escatrón, camino muy exigente físicamente y muy angosto, lo que hacía que fuera intrínsecamente muy peligroso.
Como ejemplo para evaluar a lo que me estoy refiriendo, queda palpable que aun hoy con los medios actuales, la carretera que discurre junto al río Ebro y que nace en el cruce de Quinto y pasa por La Zaida, en algunos puntos entre la carretera, el ferrocarril y el río Ebro, hay apenas separación entre los tres, y eso que ahora han erosionado con máquinas parte de la ladera del monte, para dar paso a carretera y ferrocarril paralelos. Esa carretera (A-221), nos lleva hasta los límites de Cataluña, pasando por La Zaida, Sástago, Escatrón, Chiprana, Caspe, Maella, y siguiendo en Cataluña llegamos a Batea, Gandesa, Cherta, Tortosa y Amposta, donde desemboca como el Ebro, en otra carretera más grande que es la N-330 que recorre toda la costa mediterránea española.
El camino que antiguamente, llegaba desde Zaragoza y se desviaba por Quinto hacia La Zaida, tenia “paradas”, en la Villa de Los Ángeles, (lugar famoso por su intendencia y avituallamiento), en La Zaida, (lugar donde se cambiaban si era necesario los carreteros y los animales de arrastre), y se aprovechaba si hacía falta para herrar a los caballos y sustituir alguna pieza en el carro o carreta, aquí merece mención especial las buenas artes y oficios que siempre tuvieron los herreros de La Zaida, con reconocido y recordado prestigio en su oficio en toda la comarca, esta herrería estuvo funcionando en La Zaida hasta bien entrado los años setenta; también había paradas en Escatrón y en Caspe. Al llegar a La Zaida se iniciaba una ruta nueva, pues esta no iba junto al curso del río Ebro, como he escrito antes esto no era posible entonces debido a lo angosto y duro del camino; entonces se iniciaba un camino que entrando en la provincia de Teruel por La Romana (actualmente pertenece a La Puebla de Hijar y es limítrofe con el término municipal de La Zaida), y siguiendo el curso del río Agua Vivas aguas arriba, llegaba al único paso más o menos accesible que era la Val d’Amposta, que suponía para el transporte por caminos, lo mismo que la Cuesta del Soldado supuso después para el transporte por ferrocarril. Es decir los carros y carretas subían poco a poco y de forma lenta la cuesta de la Val d’Amposta, bien fuera subiendo la cuesta o bajándola, ya que era muy pronunciada y tanto de una manera como de otra los animales de arrastre hacían tracción de subida o freno de bajada; una situación muy comprometida para los propios carreteros, momento y lugar muy apropiado para intentar un asalto a esos carros y carretas. (*)

Antecedentes Históricos


La Zaida, es un topónimo de ascendencia árabe, de hecho en el focaje del reino de Aragón de 1495, (Zayda) tenía toda su población árabe, aún estando en territorio reconquistado, la población total de Zayda era árabe, y en ese focaje son mayoría los nombres con esa ascendencia, esta población era muy trabajadora artesanalmente y desempeñaba una gran labor tanto en la agricultura como en la ganadería.
Los pocos cristianos que había vivían fuera del pueblo a un kilómetro de distancia, en el barrio denominado Colera, y posteriormente la Torraza, como eran cristianos de repoblación e hijosdalgo en su mayoría, que poseían carta puebla real de colonización, y adquisición de derechos para repoblar, esta “condición” les impedía el efectuar trabajos físicos y eran los árabes o moriscos, los que los realizaban, pero con una salvedad, los moriscos vivían en lo que ahora es el pueblo de La Zaida y los cristianos fuera del casco urbano, un pseudo exilio en el barrio antes mencionado, pues tampoco tenían acceso a los productos que los moriscos obtenían de su labor diaria y cotidiana, les hicieron comprender “que el que no trabaje, que no coma”.
La huerta de La Zaida era muy productiva, y gozaba de un azud, noria y sistema de acequias en toda la huerta del río Ebro, y también en la del río Aguas Vivas.
Pero todo se acaba, el 9 de abril de 1609, el mismo día de la «tregua de los Doce Años», el monarca
Felipe II, tomaba la decisión de expulsar a los moriscos. En el otoño de 1609 salieron de España los valencianos y castellanos, siendo los aragoneses los últimos expulsados, ya en el verano de 1610. El 17 de abril de este año fue tomada la decisión por el soberano en Valladolid y el 29 de mayo se publicaba el edicto de expulsión en Aragón. Al día siguiente, el virrey, marqués de Aytona , informaba al monarca de su plan de expulsión. Los moriscos serían divididos en 35 grupos cuyos puntos de reunión e itinerarios eran minuciosamente fijados hasta su embarque en los Alfaques (La Rápita). Asimismo se detallaban las medidas militares que tomar para garantizar la operación.
Este plan se vio fuertemente alterado al ordenar la corona que una parte de los expulsados saliese por el Pirineo, eligiéndose como punto de paso el
puerto de Somport.

De estas tres vías, fue la marítima de los Alfaques la que canalizó el mayor contingente de expulsados. Éstas son las fechas, rutas y contingentes que salieron por ellas, según H. Lapeyre: en junio-septiembre de 1610 (Alfaques), 38.286; en agosto de 1610 (Vera-Roncesvalles), 9.962; en agosto-septiembre de 1610 (Somport), 12.470; en 1611 (Somport), 100 (?); el total de moriscos expulsados era, pues, de 60.818.
La expulsión, que había sido decidida por motivos de Estado, tuvo funestas consecuencias para Valencia y Aragón, mientras que Cataluña y Castilla (salvo algunas zonas muy concretas de este último reino) apenas se vieron afectadas.
Económicamente, todos los sectores se vieron afectados por la medida. Las tierras trabajadas por los moriscos quedaron yermas, siendo recuperadas muy lentamente. Durante los primeros años de la salida se podían contemplar pueblos y términos enteramente abandonados o semiabandonados. La industria artesanal aragonesa de la época perdió un mercado, sufriendo la correspondiente contracción. Determinadas especializaciones controladas por los expulsados estuvieron a punto de desaparecer, y sólo después de un largo tiempo fueron recuperadas.
En el caso de La Zaida, los cristianos tuvieron que ponerse a trabajar, normalmente en la agricultura y la ganadería, pero se olvidaron de practicar con cierta periodicidad un mantenimiento de las infraestructuras de riego, y debido a las grandes avenidas del río Ebro, lo que comenzó siendo una pequeña grieta en la escollera del azud y no habiéndole practicado reparación o mantenimiento alguno en su momento, acabó destruyendo completamente el azud y en consecuencia inutilizando todas las infraestructuras de riego. Hasta tal punto, llegó la desidia y olvido de estas infraestructuras, que la zona de regadío que era de huerta, pasó a ser un inmenso secarral, y así se mantuvo por muchos años, con toda la tierra yerma e improductiva.
Como el trabajo en la agricultura había cesado por la propia dejadez, siguieron con la ganadería, y con esta actividad se estuvieron dando vida los pocos habitantes de La Zaida, durante muchos años de su existencia, siendo muy reconocida la habilidad tratante de los vecinos de La Zaida, en ferias y mercados de ganados de todos los pueblos donde se celebraban en Aragón, así como del buen ojo para la selección de animales en estas ferias.
Así continuó hasta bien entrado el siglo XIX, fue durante el reinado de Amadeo I de Saboya, cuando en una visita que efectuó un consejero del reino a esta localidad (o pasó por ella), se dio cuenta de la situación alarmante de miseria en la que se encontraban los habitantes de La Zayda, fue informado de la situación en la que se encontraban el azud, el molino y las acequias, y este consejero tomo la iniciativa de dirigir una carta al rey Amadeo I, haciéndole llegar sus rogativas con respecto a la situación encontrado en este municipio, “mire su Majestad en qué situación se encuentran estos que también son sus súbditos”.
Con esta actuación y con las gestiones oportunas, a finales del siglo XIX, La Zayda volvió a recuperar todas sus infraestructuras de riego, y pasó de apenas poco más de 150 habitantes, a más de 500 habitantes en los primeros años del siglo XX. Solo en los buenos años 80 en los cuales hubo mucho trabajo derivado de las industrias químicas que se asentaron en este municipio se llego a rozar la cifra de 800 habitantes. Siendo en el censo del año 2004, 558 habitantes, los que habitamos de forma permanente en La Zaida.

Bandoleros con referencias zaidanas

El paraje y su entorno, cuenta en su haber con interesantes hechos de carácter histórico, ocurridos en lo que es la Val d’ Amposta, ruta de bandidos del siglo XlX y principios del XX, donde asaltaban a transportistas que hacían el camino con sus carromatos cargados de trigo y cebada, con destino a Tortosa y a Amposta en el Delta del Ebro. A su regreso, eran detenidos, para quitarles el dinero o la carga que consistía principalmente en vino, arroz y bacalao.
En la Val d’ Amposta “trabajaron” de forma muy persistente y contundente, tres asaltadores de caminos o bandidos, que fueron Mariano Gavín Suñén, apodado “El Cucaracha”, Anselmo Alegre apodado "El Cantarero" y otro bandido apodado " El Manco de la Romana".
Entre los trabajos más significados estaban, las correrías del terrible "Manco de la Romana" hombre, que según la sabiduría popular, había perdido el brazo, de un golpe de trabuco asestado por un osado trajinero, que se enfrentó a él. La leyenda nos cuenta que el sujeto tenía su punto de vigilancia desde el torreón medieval, denominado como el "Nido del Cuervo" situado en la cumbre de un cabezo, que se halla entre el río Aguas Vivas y el camino de la Val.




Otro famoso bandido anterior al Manco de La Romana, lo fue Anselmo Alegre "El Cantarero" que en el puesto de postas de la Romaneta, se apoderó de un cargamento de aceite que procedía de Escatrón, con destino a Zaragoza.
Y por supuesto, como no podía faltar por solidaridad con el trabajo de sus compañeros de sindicato, y dentro de la historia del bandidaje en Aragón, hizo también su aparición en la Val d’Amposta, Mariano Gavín Suñén, apodado “El Cucaracha”, que tuvo un encuentro crucial con un mozo de La Zaida, en el cual sucedió lo que a continuación relato:
“Salió un mozo de La Zaida, mandado por su madre que era viuda, hacia la feria ganadera de Caspe, llevaba tres mulas para intentar mercadear con ellas en la feria, y cuando subía la cuesta de la Val d’Amposta, salieron a su encuentro tres jinetes que no se identificaron, el mozo detuvo sus mulas delante de ellos y se entabló un dialogo.
Le preguntaron qué adónde iba, y él contestó que a la feria ganadera de Caspe, a intentar vender las tres mulas y volver a casa. Los jinetes le señalaron la buena prestancia que se observa de los equinos que llevaba a la feria, y él siguiendo con otra conversación les indico que si habían visto al “Cucaracha”, los jinetes le preguntaron que por qué hacia esa pregunta, el dijo que por que su madre le había dado un duro de plata (de los llamados Amadeos) que llevaba en la faja para dárselo al señor Cucaracha, y que su madre le había advertido al respecto:
Si te encuentras con el bandido Cucaracha, y te intenta asaltar y robar las tres mulas, le suplicas que por favor que no lo haga, que con lo que saques de la venta de las tres mulas, tenemos que pasar el invierno la familia, y si nos roba las tres mulas, solo nos quedará pasar hambre y frío este invierno, que por favor no te haga daño y que aquí le ofreces un duro de plata para que no te robe las mulas y no te franquee el camino hacia Caspe.
El mozo hizo el ademán de sacar una pequeña bolsa de la faja, y los jinetes le preguntaron que iba a hacer, el dijo que sacar la bolsa con el duro de plata; uno de los jinetes, le respondió, con voz altanera:
Cuando vuelvas a casa con el duro de plata, y lo que hayas podido sacar por las tres mulas en Caspe, le dices a tu madre que el bandido Cucaracha, no roba a los pobres.
Dicho lo cual, los jinetes siguieron su viaje en dirección a la Romana y el mozo siguió su viaje a Caspe.”


Reconozco que este episodio, se ha repetido hasta la saciedad por distintos parajes de la geografía aragonesa; pero el mismo forma parte de la tradición oral zaidana, y como me lo contaron, lo relato, explico y plasmo en este documento.
Debido a la intensa actividad bandolera que se desarrollo en esta zona de la val tan concurrida e importante a nivel logístico de transporte de personas y mercancías, se decidió por el estamento gubernativo correspondiente, la construcción de un bunker-fortín en la Val d’ Amposta, que sería gestionado por la Guardia Civil, para la protección de personas, mercancías y del transporte regular de la posta del Bajo Aragón. Dicho fortín ha llegado hasta nuestros días y está ubicado, siguiendo el camino de la val en la subida pronunciada de la misma, en el cabezo de enfrente, en la misma línea del torreón medieval, denominado como el "Nido del Cuervo". Era tal su importancia en la ruta que protegía, que hubo durante los años de auge del bandidaje en Aragón un pelotón de doce guardias civiles permanentemente en ese destacamento. También tenía la misión de servir como puesto de control del servicio de postas, para protección del propio correo, de sus jinetes y para controlar las incidencias del servicio, entre Zaragoza, el Bajo Aragón y Cataluña.

Conclusión


No siempre tiempos pasados fueron mejores, y lo que esta claro es que no hay otro tiempo que el que nos ha tocado.
Pero además del trabajo realizado por profesionales, para recuperar un poco de la memoria histórica de La Zaida, existe también en esta memoria mucho del poso de lo que un día por la noche al oír a los abuelos de La Zaida, cuando contaban sus historias al calor de la lumbre de la “cheminera”, nosotros estábamos atentos y acurrucadicos en una manta, encima de la banca preta al hogar, y no pestañeábamos miaja, entonces no había televisión en casa, y estos raticos nos entretenían mucho; mucho más que cuando les daba por contar historias de muertos y de almas en pena, que pasábamos un miedo después que no había quien durmiera solo en la cama esa noche, (lo mismo que ahora les pasa a los hijos nuestros cuando se ponen a jugar con la PSP, que tampoco pestañean, pero por que se les está secando las neuronas del cerebro de tanta video consola).


Aquí hay un punto de discusión sobre el que no se ponen, ni nos ponemos de acuerdo, es sobre la procedencia del nombre de la val; unos pensamos que es la Val d’Amposta, por ser el camino a seguir para ir a esa ciudad, y otros piensan que es la Val de Posta, al ser la ruta que seguía la posta (el correo), hasta bien entrado el siglo XX.
Para hacer este documento un poco más desenfadado, y como siempre hay tiempo para una sonrisa, te hago llegar el siguiente comentario:
Entre los bandidos que han pervivido hasta nuestros días, está el bandido “Andrés”, conocido por lo rápido que corría, ya decía la leyenda:
El bandido que más corre en La Zaida,
es el bandido Andrés,
porque en lugar de correr con dos piernas,
corre con tres.

Andrés, no sabe nada de esta nota al respecto, pero conociéndolo, seguro que se parte de risa.
Estamos en La Zaida, formando parte de los sedetanos, que ya corríamos con los romanos




saludos